El mejor profesor de matemáticas de España, por Juan Pascual Redondo

 

Juan Jesús Pascual Redondo (Julio 2019)

El mejor profesor de matemáticas de España, (Latinoamérica, o del mundo entero) es un tipo que atesora varias cualidades muy difíciles de tener a la vez: una formación matemática muy sólida, enorme carisma, inteligencia emocional, un soberbio manejo de la justicia, buena persona, respeto de sus alumnos, enorme capacidad de trabajo, buen sentido de humor, comunicador sobresaliente, etc, etc…

Voy a meditar sobre el trabajo diario de este Dios de los Profesores de Matemáticas y trataré de plasmar en este pequeño articulillo las cosas que hace y que no hace, sus movimientos en el aula y cómo es capaz de lograr los objetivos que se propone.

 

El mejor profesor de matemáticas sabe de todo

 

La mayoría de los docentes que se dedican a la enseñanza de las matemáticas están más que sobrados en su formación académica personal relacionados con la asignatura de la que estamos hablando. Decenas de años como estudiantes en la escuela, después en la universidad y de nuevo a la escuela como enseñantes.

Pero existen en general grandes lagunas, mis queridos y queridas. Las carencias son grandes en todo lo que no es estrictamente técnico, por ejemplo el conocimiento de la Historia de las Matemáticas, la vida personal de los matemáticos más notables, por qué aquellas personas trabajaban en aquel conocimiento, el contexto social, la relación de cada tema con las aplicaciones en la vida diaria o el uso que se hace de ellos en otras disciplinas.

La forma de beber de este conocimiento fundamental para todo buen docente, para transmitir a los estudiantes el entusiasmo de aprender la materia y de relacionarla con las demás es empapándote de decenas de deliciosos libros de divulgación que han escrito y escriben grandiosos genios matemáticos, casi todos ellos docentes, por cierto.

Nuestro mejor profesor de España, de Latinoamérica o incluso del mundo entero se ha empapado de todo este conocimiento y alrededor de las matemáticas ha construido un imperio intelectual que le permite extender sus tentáculos a todos los campos y épocas históricas.

Yo no digo que no puedas ser un buen profesor o profesora si explicando ecuaciones no conoces nada sobre el Islam Medieval, los grandes duelos matemáticos en el Renacimiento Italiano, la vida de Gerolamo de Cardano o la Ecuación de Dirac. Pero,  chico… no hay color si pudieras implementar y embellecer tus discursos con interesantísimos hechos relacionados transversalmente con el tema.

¿Te imaginas que desde un gran periódico de tirada nacional te dan el privilegio de que escribas y enamores a los lectores sobre este tema? Esos libros de divulgación te darían una deliciosa perspectiva del tema y serías capaz de hablar con enorme propiedad, gustar a tus lectores y llenarles de motivación en el estudio de cómo despejar la dichosa incógnita.

 

No castiga nunca con tareas de matemáticas

 

Un error clásico que comenten miles y miles de profes cada día y que el mejor profesor, por supuesto, nunca lo haría, es el de dejar castigados a los pobres estudiantes sin recreo, cosa que puede ser buena, pero haciendo tareas de matemáticas. Nooooo, por favor… eso es cargarte la asignatura para siempre.

No puedes asociar tu linda asignatura con el castigo jamás (¿a caso no sabes nada sobre los pobres perros de Pavlov, o qué?), al contrario. El profesor ideal sabe dar la vuelta a la tortilla: premiar a los alumnos con ejercicios de álgebra, trigonometría o lo que toque: «Hoy habéis tenido un rendimiento muy bueno, mis queridos pupilos. Por ello os obsequio con estos interesantes ejercicios». Que no te suene a chufla. Hay profesionales que han logrado modular la respuesta de los alumnos de tal manera que lo que en otro lugar sería percibido como algo negativo aquí es un premio.

 

Enseña a los alumnos a sentirse cómodos con el esfuerzo de PENSAR

 

Es muy triste decirlo, pero pensar es algo con lo que la gran mayoría de personas y por supuesto de estudiantes en las aulas, no puede lidiar. Tener delante un problema y verse obligado a hallar una solución pensando es un trabajo que produce ansiedad y frustración. ¡Esto no puede ser así!.

El maestro y la maestra perfecta tienen a los estudiantes familiarizados con la búsqueda de soluciones en un medio en el que el nivel de estrés es bajo. Han sabido hacer entender a la clase que pensar es una actividad creativa, divertida, en donde cada uno se va superando y alcanzando cotas más altas.

Uno de los problemas de las matemáticas es este, el de requerir a los estudiantes que piensen y estos, al no estar acostumbrados debidamente a este tipo de esfuerzo intelectual, lo afrontan con sentimiento de rechazo desde un principio.

Por favor, expón a tus alumnos al razonamiento, al pensamiento, a actividades que para ser concluidas hace falta pensar.

 

Con el mejor profesor los estudiantes están tranquilos

 

El mantener un buen ambiente de estudio en clase es uno de las tareas que más cuesta y un factor clave para que los estudiantes progresen adecuadamente en este materia. Sin tranquilidad, sin un mínimo de silencio el trabajo docente queda anulado.

Veamos qué es lo que hace nuestro docente perfecto para que el barullo, el exceso de decibelios e incluso los problemas de disciplina sean algo raro en sus clases.

 

Se gana a la clase durante la primera semana

 

Los grupos de estudiantes son un organismo que busca expandir lo máximo posible sus límites de conducta en el aula. Cuando un profesor nuevo llega al centro cada grupo va a testar, comprobar y medir al docente. Buscará los puntos débiles de éste para usarlos en su beneficio.

Lo que pase en estos días iniciales va a marcar muchísimo el futuro, así que hay que andarse con los pies de plomo. Mostrarse serio, nada emocional, un tanto distante con el grupo puede ayudarte a que en un principio los pupilos no vean de qué pié cojeas.

 

El super profe no pierde los papeles

 

Uno de los momentos clave en donde es necesario no meter la pata es cuando se genera una conducta disruptiva. El profe ideal jamás va a perder los papeles ni se va a poner a gritar o a golpear objetos. Hacer esas cosas en primitivo y muestra a los estudiantes que el pobre maestro ha perdido el control, que es débil.

El docente número uno se va a dirigir al estudiante o estudiantes gamberretes con total calma, por grave que haya sido la fechoría, explicar lo negativo de su conducta y aplicar lo que contemple el régimen de funcionamiento del centro o lo que considere el propio profesor. Repito: es malo mostrar que el hecho te ha afectado emocionalmente. Eres simplemente un árbitro.

De estos momentos complicados se pueden sacar cosas buenas: además de no mostrar tu acritud, todo conflicto es un escenario ideal para educar en valores, para recapacitar, para arrepentirse de lo hecho, para entender que unos hechos tienen unas consecuencias claras.

 

Los estudiantes tienen claro siempre qué se puede y qué no se puede hacer

 

A los estudiantes les encanta saber qué se puede hacer y qué no se puede hacer en el aula. Uno de los problemas está cuando las reglas no están claras o son cambiantes. Con nuestro profesor modelo los estudiantes conocen perfectamente los límites. Cuando esto está claro pasa algo maravilloso: el grupo está tranquilo, no hay sufrimiento ni grandes conflictos.

Al contrario, con reglas confusas o que no se aplican siempre, la clase no va a saber a qué atenerse y el grado de ansiedad será alto. Mis consejos sobre este asunto es: sé rutinario y aplica las reglas siempre de la misma forma.

 

Conoce las circunstancias personales importantes de cada estudiante

 

Nuestro profesor sobresaliente se preocupa por la situación personal y condicionantes de cada estudiante. Ellos lo saben y genera acercamiento y confianza de la buena (está el otro tipo de confianza, la mala, la del tipo colegueo).

Cuando un estudiante se te acerca y es capaz de confiarte sólo a ti alguno de sus problemas, esto significa que te ve como una persona cercana que generas confianza y tu autoridad va más allá de las matemáticas.

Hay cosas que debes conocer de tus pupilos porque a veces marcan de forma notable su rendimiento y comportamiento. Aquel chico que últimamente no hay quien lo aguante resulta que lleva viviendo varios días en el coche con su padre. ¡Es importante saberlo!

 

Siente pasión por su trabajo

 

No es necesario que nuestro Dios Docente viva para trabajar, pero lo que sí es seguro es que disfruta muchísimo en su puesto de trabajo. Siente que su materia es apasionante y trascendental.

Los estudiantes van a ver en acción a un profesional entregado, capaz de darlo todo y eso cala en el alumnado y lo bueno de esto es que es contagioso.

Cuando te gusta tu trabajo lo vas a hacer bien y cuando lo haces bien el trabajo gusta a la audiencia y si sientes que así es te vas a motivar más … es una cadena de retroalimentación positiva.

A un docente enamorado de su trabajo raramente le va a pillar el toro: lo tendrá todo planificado, previsto, preparado.

¿Te gusta ser profesor de matemáticas? ¿Muchísimo? En ese caso tienes una gran parte de lo más difícil hecho y papeletas en tu bolsillo para ser el mejor profesor.

 

Es un motor de cambio a nivel regional o incluso nacional

 

Queridos y queridas, somos muchísimos los que pensamos que la enseñanza de las matemáticas es un auténtico desastre. Por un lado, los niños que toman contacto por primera vez con las matemáticas lo hacen de la mano de maestros cuya formación matemática deja bastante que desear.

En Secundaria y en Bachillerato, más que la formación del profesorado, el problema radica en lo que realmente se pide que el alumnado haga o sea capaz de hacer: resolver ejercicios de matemáticas típicos sin explicar qué se está haciendo realmente.

El problema con Primaria se resuelve fácilmente aumentando en las escuelas de magisterio la carga matemática o habilitando una especialidad en matemáticas.

El problema con la Secundaria y el Bachillerato es más bien un problema generado con las pruebas de acceso a la universidad. Durante años se prepara a los estudiantes en la superación de un examen consistente en resolver unos problemas prácticos típicos.

Para tener éxito en dicha prueba basta aplicar adecuadamente una receta de algoritmos robóticos que pueden ser llevados a cabo sin tener la menor pajolera idea de lo que realmente se está haciendo. La solución también aparentemente es sencilla: cambiar el modelo de dicha prueba de acceso en donde las tareas a resolver sean de otro tipo, otras que requieran del entendimiento, del concepto. ¡De qué sirve saber hallar la derivada de cualquier función si no entendemos qué es derivar.

Juan Pascual Redondo (Diplomado en Magisterio y Licenciado en Ciencias Físicas)